Retiro de Adviento 2019

P. José Colón Otero
Diócesis de Fajardo-Humacao

 “Tengo contra ti que has perdido el amor que tenias al principio”

El misterio de este tiempo, es el de entrar en el tiempo de Dios. Momento de intimidad, de estar con el Señor, lo cual no es perder el tiempo, sino todo lo contrario. Tiempo de contemplar el misterio de Dios hecho Hombre, que gran misterio. Misterio el cual nos permite contemplar primeramente su parte humana para luego poder hablar de su grandeza divina.

 Juan 1, 1-16

En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios. Todo se hizo por él, y sin él no se hizo nada de cuanto ha sido hecho. En él estaba la vida, y la vida brilla era la luz de los hombres. Y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no le recibieron […] El verbo era la luz verdadera, que ilumina a todo hombre, que viene a este mundo […], cuantos le recibieron les dio potestad de ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre, que no han nacido de la sangre, ni de la voluntad de la carne, ni del querer del hombre sino de Dios. Y el Verbo se hizo carne y habito entre nosotros, y hemos visto su gloria, gloria como de Unigénito del Padre, lleno de gracia y verdad.

Dios nos llama a este misterio. Nos da a conocer esta verdad y nos inserta en su misterio. Cuantas ilusiones, emociones, sentimientos surgen en este proceso. Dios nos llama en nuestra pequeñez. Independientemente de los sucesos no tan buenos que nos pueden suceder, es el quien nos llama. Es la simpleza de nuestras vidas donde se produce esta llamada.

Estamos conscientes de a quien llama Dios. Es tiempo de volver a recordar quienes somos, esto comprender toda la realidad de nuestra vida hasta este momento. Como se ha manifestado Dios en nuestras vidas y como hemos actuado nosotros en referencia a su amor, sin olvidar que el nos ha amado primero. “Porque tan solo somos lo que somos ante Dios y nada más”.

Ap 2, 4-5

«Conozco tus obras, tu fatiga y tu paciencia; que no puedes soportar a los maleados y que has puesto a prueba a los que se dicen apóstoles y no lo son, y los encontraste mentirosos; que tiene paciencia y has sufrido por mi nombre, sin desfallecer. Pero tengo contra ti que has perdido el amor que tenias al principio”.

Dios no busca que seas implacable, sino que poseas la capacidad de levantarte y presentarte ante el cuando hayas caído. Que poseas la destreza de volver al primer amor.

El Adviento es un tiempo para reconocer quien soy. Contemplar quien soy desde la humildad, desde la pequeñez. Hermanos, el elemento humano siempre estará presente, esa es la paja del pesebre.

El ser un Buen Pastor, no es fácil, cuando se sale al encuentro de la oveja perdida, no crean que cuando la encuentra el pastor y la monta en sus hombros, ella permanece mansa. No, esta muerde, patalea, berrea y otras cosas más.

Para este trabajo debemos poseer nuestro corazón dirigido al amor primero, al cual tiende de suyo, y que busca el configurarse al corazón de Cristo. Se trata de adquirir los mismos gestos, mentalidad y sentimientos de nuestro Señor. Nuestro corazón debe configurarse al de Cristo, y este se muestra su configuración amando y perdonando. Si algún día nuestro corazón ha comenzado a experimentar otros sentimientos contrarios a estos, como el odio, hermanos, ya hemos fracasado.

En nuestra actualidad podemos hablar de los escándalos. Y podemos hablar un largo periodo de este tema. Pero el mayor escándalo de nuestros tiempos es proclamar a Cristo.

1 Cor 1, 23

“Nosotros en cambio predicamos a Cristo crucificado, escándalo para los judíos, necedad para gentiles”

Es saber que Dios está hay amándonos, perdonándonos, ¡eso es un verdadero escándalo! Al ver la cruz a la luz del pecado solo vemos tristeza, contemplar la cruz con la gracia es ver la salvación. Que hermoso es morir a todo aquello que no permite lo que Dios sea lo primero en nuestras vidas.

Nuestra oración, es una oración divina cuando se une a la de Cristo. Es Él quien la transforma, y entender esto nos recuerda cual es nuestra encomienda “orar en nombre de Cristo”. Este orar también nos realiza una invitación al servicio. Toda vocación esta consagrada para una misión y su misión requiere o conlleva una consagración. Nadie puede ser un buen confesor si antes no a practicado la confesión, nadie puede ser un buen director espiritual sino ha participado de la dirección espiritual.

Debemos tener una conciencia clara de lo que somos y de a quien llevamos. Una comprensión de que tenemos en nuestras manos aquello que es lo más amado. Vivir una piedad verdadera.

No debe ser extraño ver a un fraile con el rosario en la mano o profundizando en la sagrada escritura. Comprender que todo acto es una posibilidad de encuentro con Dios. De tener un trato intimo con Él. Y esto no es cosa de grades esfuerzos: estar ante el sagrario, y porque no, llorar con Él. El adviento sea un tiempo de revisión de mi relación, de mi trato con Dios. Hermanos, todo pasa, solo Dios permanece. Que nuestra vida sea Él Señor.

Que este primer amor conduzca nuestro caminar, que podamos contemplar a Dios que nace. Que podamos vivir esta experiencia de gracia. Que la Virgen María, que es aquella que marca dulcemente el camino que conduce a su Hijo Jesucristo, interceda por nosotros para que nuestra alma enamorada sea una entrega total al amor de la vida.

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