Los siguientes criterios se refieren a la totalidad de la persona desde la óptica de la fe:

  • salud física y psíquica;
  • adecuada madurez, de modo especial en las áreas afectiva y relacional;
  • idoneidad para la convivencia fraterna;
  • capacidad para conciliar ideal y concreción;
  • flexibilidad a nivel relacional;
  • disponibilidad al cambio;
  • confianza en los formadores;
  • adhesión a los valores de la fe;