A la luz de nuestra tradición, los elementos centrales de nuestro carisma son: la vida fraterna en minoridad; la oración contemplativa; el cuidado y la celebración de la creación; la lectura atenta de la Palabras; la presencia y el servicio entre los pobres y los que sufren.  Lo cual implican para nosotros: la búsqueda de lo esencial, la renuncia a uno mismo, la sencillez de vida, el cultivo del amor, la itineraria y la disponibilidad total. Estamos llamados a la fidelidad creativa: a encontrar, en las diversas culturas, cómo testimoniar el Evangelio. 

El proceso de formación en nuestra vida se realiza de manera analógica al proceso de la iniciación cristiana. Es un camino de crecimiento dinámico, personalizado, gradual e integral que, aunque más intenso en los primeros años, dura toda la vida. El objetivo del proceso es acompañar al candidato para que, a partir de su realidad concreta, con los medios formativos adecuados, pueda vivir un autentico camino de conversión haciéndose discípulo de Jesús. Se trata de que, al estilo de Francisco y con los elementos propios de la tradición capuchina, se entregue libre y radicalmente al servicio del Reino.

La iniciación a nuestra vida exige la separación progresiva de cuanto no encaja con nuestros valores, así como la asimilación de nuevos valores propios de nuestra Orden. El acento reside en la transmisión y el aprendizaje progresivo de los valores y actitudes de la vida francisco – capuchina.

 Es del todo necesario un acompañamiento personalizado que tenga en cuenta la formación a las relaciones personales y la adquisición de habilidades que, progresivamente, el formando incorpora a su participación en la vida fraterna. El camino formativo es personal y ha de favorecer las capacidades originales de cada uno: aquello que le hace único e irrepetible y le orienta en su seguimiento de Jesús.

El criterio del acompañamiento consiste en atraer al hermano al Señor a través de la misericordia y del amor.  Se acoge con respeto y sin miedo a corregir y a amonestar. Acompañar significa crear espacios de responsabilidad, confianza y trasparencia en todos los ámbitos: la afectividad, el trabajo, el uso del dinero, el empleo de las nuevas tecnologías, etc.

Los protagonistas de la formación son: el Espíritu Santo y el formando. La vida capuchina consiste en dejarse moldear y conducir por el Espíritu. Él infunde en nosotros los sentimientos de Cristo y el deseo de configurarnos con Él, pobre y crucificado. La fraternidad nace y crece bajo la mano misericordiosa del Espíritu, buenos estimula a buscar los caminos evangélicos que Él quiere para cada uno de los hermanos y para la fraternidad.

En consecuencia, cada hermano, bajo la acción del Espíritu, es protagonista de su formación. El proceso de iniciación parte del trabajo sobre uno mismo. Esto  exige apertura, esfuerzo, transparencia, reconocimiento de los propios límites, capacidad para aceptar sugerencias y creatividad.