
Fr. Rodolfo Vega Carranza
Terciario Capuchino
Natural de Colombiano
Retiro de Cuaresma
“Vanidad de vanidades: volver a lo esencial”
Este retiro nace de una realidad que hemos notado con el tiempo: poco a poco hemos pasado de ser principalmente hombres dedicados a la vida espiritual a convertirnos, casi sin darnos cuenta, en gestores de servicios y actividades sociales.
Queremos responder a muchas necesidades, organizamos proyectos, ayudamos en todo lo posible… pero en ese esfuerzo constante algo interior se ha ido debilitando.
Este retiro es una pausa para detenernos, mirar con sinceridad nuestra vida y volver a lo que realmente importa.
- La enseñanza del Libro de Eclesiastés
La base espiritual del retiro es el Libro de Eclesiastés. Este libro bíblico no da soluciones rápidas, sino que ofrece sabiduría para aprender a vivir mejor.
En él se repite una frase muy conocida:
“Vanidad de vanidades, todo es vanidad” (Ecl 1,2)
La palabra “vanidad” aquí significa algo pasajero, como vapor o humo. No quiere decir que la vida no valga la pena, sino que muchas cosas que parecen muy importantes en realidad son temporales.
Al final, el libro resume lo esencial:
“Teme a Dios y guarda sus mandamientos, porque eso es todo para el hombre” (Ecl 12,13)
Es decir: lo central es la relación con Dios. Lo demás es secundario.
- Mucha información, poca profundidad
Vivimos en una época con grandes avances tecnológicos. Tenemos acceso a mucha información. Pero tener más información no significa tener más sabiduría.
La tecnología ayuda a resolver problemas prácticos, pero no responde por sí sola a preguntas profundas:
- ¿Para qué vivimos?
- ¿Qué sentido tiene el sufrimiento?
- ¿Cómo sanar la soledad o el vacío interior?
El mismo Eclesiastés advierte que acumular mucho conocimiento puede cansar y no siempre da sentido a la vida.
No todo progreso exterior produce crecimiento interior.
- El peligro del activismo
En nuestro caso, el problema puede tomar una forma concreta: hacer demasiado.
Queremos atender todas las necesidades y eso puede provocar:
- Cansancio constante.
- Menos tiempo para la oración.
- Confundir misión con simple organización.
- Olvidar la propia vida interior.
Se puede trabajar mucho y orar poco.
Se puede organizar mucho y reflexionar poco.
Se puede ayudar a todos… menos a uno mismo.
Sin vida interior, la misión pierde fuerza.
Sin silencio, las palabras se vacían.
Sin oración, la acción se debilita.
- Las crisis no siempre son fracaso
Hoy vivimos dificultades: menos vocaciones, comunidades más pequeñas, menos influencia social.
Pero esto no es algo nuevo en la historia de la Iglesia.
El verdadero peligro no es ser menos, sino reaccionar mal:
- Vivir con nostalgia del pasado.
- Angustiarnos por perder importancia.
- Buscar reconocimiento.
- Confundir orgullo con celo apostólico.
El Eclesiastés nos recuerda que no todo depende de nosotros. Aceptar la pequeñez con humildad puede ser un acto profundo de fe.
La santidad nunca dependió de la cantidad, sino de la coherencia.
- Lo que necesitamos revisar
Este retiro nos invita a preguntarnos:
- ¿Tenemos miedo de ser pocos?
- ¿Estamos reemplazando la oración por actividad?
- ¿Buscamos reconocimiento?
- ¿Seguimos en proceso de conversión?
- ¿Cuidamos nuestro equilibrio humano y espiritual?
- ¿Vivimos demasiado aferrados al pasado?
Si muchas cosas son pasajeras, ¿qué vale realmente la pena?
- Volver a lo que permanece
No permanece el éxito.
No permanecen los números.
No permanece la fama.
Permanece:
- La relación con Dios.
- La fidelidad diaria.
- La fraternidad sincera.
- La santidad vivida en lo pequeño.
Cuidarse no es egoísmo. Descansar, buscar acompañamiento espiritual, tener momentos de silencio y recreación sana no debilitan la misión: la sostienen.
- Comenzar de nuevo, al estilo de San Francisco
La espiritualidad de San Francisco de Asís nos recuerda el valor de la sencillez y la minoridad. Él no buscó poder ni grandeza, sino vivir el Evangelio con autenticidad.
Decía:
“Comencemos, hermanos, a servir al Señor, porque hasta ahora poco o nada hemos hecho.”
Este retiro no es solo una reflexión teórica.
Es una invitación espiritual.
Si muchas cosas son como humo, invirtamos la vida en lo que no desaparece:
Dios.
La oración.
La fraternidad.
La fidelidad sencilla.
Y desde ahí —solo desde ahí— nuestra acción volverá a tener alma.