Nuestras Nuevas Asignaciones Fraternas
El Señor nos sigue llamando a reconstruir la vida: a volver al corazón del Evangelio, a recuperar la alegría de lo esencial, a dejarnos renovar por dentro, a comenzar de nuevo porque hasta ahora poco o nada hemos hecho.
Cada nuevo destino es también una invitación a recomenzar, con más sencillez, con más verdad, con más confianza en Dios. Nos llama también a renovar la fraternidad.
Allí donde vayamos, no vamos solos: llevamos con nosotros el don de ser hermanos. Y eso se hace vida en los gestos pequeños, en la paciencia, en la cercanía, en la capacidad de sostenernos unos a otros. Que nuestras fraternidades sigan siendo hogar, espacio de misericordia y signo sencillo del Reino.

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