Lunes 10 de marzo de 2025
El lunes pasado nos dimos al encuentro de los hermanos. Para participar de nuestro acostumbrado Retiro de Cuaresma del presente año 2025. Para el mismo nuestro consejo gusto de invitar al Padre Julio Vera natural de San Sebastián del Pepino aunque hace tres años se encuentra incardinado en la Diócesis de Fajardo Humacao. El cual cuenta con 27 años de ministerio sacerdotal y trabaja también en las Fuerzas Armadas (Army National Guard) como Capellán.
Comenzaba su mensaje comentándonos sobre su experiencia de más de 25 años con estos jóvenes de las fuerzas armadas y nos decía: “estos muchachos por encima de llevar un uniforme, hay un alma que salvar”.
Como pauta de nuestra reflexión compartió con nosotros el hermoso documento del Papa Francisco: SPES NON CONFUNDIT (La esperanza no defrauda – Rm 5,5).
https://www.vatican.va/content/francesco/es/bulls/documents/20240509_spes-non-confundit_bolla-giubileo2025.html
Y comenzaba señalándonos que fuerte llamada nos estaba haciendo el Señor en el Tiempo de Cuaresma. Ser signo de esperanza en un tiempo de desesperanza. Y no digamos de nuestro pueblo puertorriqueño que se acaba de levantar con noticias de un borraron referente a la independencia, los altos índices de criminalidad, los feminicidios, la guerra de Ucrania que no quiere acabar, las deportaciones no ya de personas, sino de familias completas, recortes de fondo que anuncian a un gran sector de nuestro pueblo que quedara desempleado en momentos que la economía va aumentando más y más. ¿Cómo ser instrumentos de esperanza en estos tiempos?
Debemos sorprendernos de que, en nuestra posible respuesta a ser esperanza, de todos los santos que se pudieron haber sido citados, el Papa Francisco solo cita a uno: a San Francisco de Asís y su Cántico a las Criaturas.
Un fraile que se desnuda en una plaza, que le dice a su padre que renuncia a todo y que en su lecho de muerte le pide a sus hermanos que lo desnuden porque no quiere tener nada para él.
Que gran amor al cual estamos llamados a encarnar en nuestras vidas. Ese amor de Dios y por Dios. Un amor que tiene que comenzarse a vivir en casa. El olvidar el que debemos ser canales de gracia, nos hace no ser muestra del amor del cual debemos ser canales.
Mt 5, 7: “Bienaventurados los misericordiosos, porque alcanzarán misericordia”.
La misericordia debe ser nuestro testimonio de vida. Es triste un mundo que ha escuchado tanto del amor de Dios, pero que no le responde como se debería.
Pero en nosotros llamados, por nuestro nombre, escogidos desde el seno materno, con nuestra humanidad y realidad, tiene que darse en nosotros una coherencia de vida. Y el Papa es este documento nos habla de como debemos ser instrumentos de la misericordia. Instrumentos de la Esperanza.
Por él hemos alcanzado, mediante la fe, la gracia en la que estamos afianzados, y por él nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios. […] Y la esperanza no quedará defraudada, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, que nos ha sido dado» (Rm 5,1-2.5).
El Hermano Capuchino tiene como como raíz el anhelo de vivir y transmitir la misericordia, en cada acción, palabra y gesto. De ser “capaces de contemplar la creación con asombro, comprenderíamos cuán esencial es la paciencia. Aguardar el alternarse de las estaciones con sus frutos; observar la vida de los animales y los ciclos de su desarrollo; tener los ojos sencillos de san Francisco que, en su Cántico de las criaturas, escrito hace 800 años, veía la creación como una gran familia y llamaba al sol “hermano” y a la luna “hermana”.
De mirar el futuro a través de una mirada de entusiasmo que se debe compartir con los demás. La capacidad de fomentar entre nosotros la alegría y la esperanza de un mundo con futuro, pero que debemos construir como hermanos. Que no nos asuste lo presente ni lo futuro, que nos asuste más el no estar junto, como hermanos, como fraternidad unidos a nuestro Dios. Que nuestro futuro sea distinto, pasando por el perdón, por la comprensión, por el amor. Mirar el futuro con la esperanza en el corazón, nos muestra un corazón que vive de la misericordia del Padre Celestial. Mostremos este corazón al mundo. Y que así nos ayude Dios.
Comparte esto:
- Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook
- Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X
- Compartir en WhatsApp (Se abre en una ventana nueva) WhatsApp
- Enviar un enlace a un amigo por correo electrónico (Se abre en una ventana nueva) Correo electrónico
- Imprimir (Se abre en una ventana nueva) Imprimir