¿A qué Dios me llama ?

El identificar la vocación otorgada por Dios a cada uno de nosotros requiere un esfuerzo y cuidado adecuado para determinar cuál es es el llamado que nos ha hecho. A este proceso se le llama Discernimiento Vocacional.

El mismo requiere que la persona este dispuesta a conocerse y entenderse a sí mismo. Su personalidad, sus fortalezas y debilidades, sus capacidades: físicas y espirituales. Debe amar nuestra fe católica. Y comprender que el discernimiento vocacional no es un proceso que se realiza de manera inmediata, sino que, normalmente se necesitan meses y , a veces hasta años para determinar el camino adecuado.

«¿Señor, quién eres tú y quién soy yo? ¿Qué quieres de mí? 

El discernimiento requiere estudio, paciencia y mucha oración. No se puede discernir solo. La mejor manera de discernir es con la ayuda De la Iglesia por medio de acompañantes espirituales, el cual te ayudara a identificar ha donde el Señor te esta llamando.

Si deseas ayuda en este proceso de discernimiento podemos ayudarte…

La información suministrada se dirige a jóvenes o caballeros, pero el formulario también esta dirigido a ayudar a las jóvenes y damas interesadas en un proceso vocacional. Al tener su información le pondremos en contacto con las diversas comunidades religiosas.

Hoja de Contacto

    Descubre una nueva
    posibilidad de vida

    A la luz de nuestra tradición, los elementos centrales de nuestro carisma son: la vida fraterna en minoridad; la oración contemplativa; el cuidado y la celebración de la creación; la lectura atenta de la Palabras; la presencia y el servicio entre los pobres y los que sufren.  Lo cual implican para nosotros: la búsqueda de lo esencial, la renuncia a uno mismo, la sencillez de vida, el cultivo del amor, la itineraria y la disponibilidad total. Estamos llamados a la fidelidad creativa: a encontrar, en las diversas culturas, cómo testimoniar el Evangelio. 

    El proceso de formación en nuestra vida se realiza de manera analógica al proceso de la iniciación cristiana. Es un camino de crecimiento dinámico, personalizado, gradual e integral que, aunque más intenso en los primeros años, dura toda la vida. El objetivo del proceso es acompañar al candidato para que, a partir de su realidad concreta, con los medios formativos adecuados, pueda vivir un auténtico camino de conversión haciéndose discípulo de Jesús. Se trata de que, al estilo de Francisco y con los elementos propios de la tradición capuchina, se entregue libre y radicalmente al servicio del Reino.

    La iniciación a nuestra vida exige la separación progresiva de cuanto no encaja con nuestros valores, así como la asimilación de nuevos valores propios de nuestra Orden. El acento reside en la transmisión y el aprendizaje progresivo de los valores y actitudes de la vida francisco – capuchina.

     Es del todo necesario un acompañamiento personalizado que tenga en cuenta la formación a las relaciones personales y la adquisición de habilidades que, progresivamente, el formando incorpora a su participación en la vida fraterna. El camino formativo es personal y ha de favorecer las capacidades originales de cada uno: aquello que le hace único e irrepetible y le orienta en su seguimiento de Jesús.

    El criterio del acompañamiento consiste en atraer al hermano al Señor a través de la misericordia y del amor.  Se acoge con respeto y sin miedo a corregir y a amonestar. Acompañar significa crear espacios de responsabilidad, confianza y trasparencia en todos los ámbitos: la afectividad, el trabajo, el uso del dinero, el empleo de las nuevas tecnologías, etc.

    Los protagonistas de la formación son: el Espíritu Santo y el formando. La vida capuchina consiste en dejarse moldear y conducir por el Espíritu. Él infunde en nosotros los sentimientos de Cristo y el deseo de configurarnos con Él, pobre y crucificado. La fraternidad nace y crece bajo la mano misericordiosa del Espíritu, buenos estimula a buscar los caminos evangélicos que Él quiere para cada uno de los hermanos y para la fraternidad.

    En consecuencia, cada hermano, bajo la acción del Espíritu, es protagonista de su formación. El proceso de iniciación parte del trabajo sobre uno mismo. Esto exige apertura, esfuerzo, transparencia, reconocimiento de los propios límites, capacidad para aceptar sugerencias y creatividad.

    Herramientas para descubrir tu vocación

    ¿Cómo puedes descubrir el plan de Dios en tu vida?

    Oración 

    -la oración es ponerte en disposición, es decir, configurarte a la voluntad de Dios el cual no habla al corazón. Pídele que te revele su plan para contigo: «Jesús, que quieres que haga»; «Aquí estoy Señor, para hacer tu voluntad»

    Sacramentos

    – son la ventana por donde el alma podrá ver y escuchar la voz de Dios. Si sus cristales se encuentran sucios, será muy difícil ver con claridad. Permanece por medio de ellos unido a él y pídele en la eucaristía que te muestra el camino de tu vocación.

    Infórmate bien

    – conoce bien los distintos estilos de vida a los cuales podemos ser llamados: la vida matrimonial, el laicado, la vida religiosa o la sacerdotal. Luego de que conozcas bien, vuelve a la oración.

    María

    – María es el ejemplo perfecto de apertura a la voluntad de Dios. Abre tu corazón a la voluntad de Dios, acércate sin dudar a ella, porque ella te ayude a ver el camino y a aceptarlo con valentía.

    Encuentros vocacionales

    – participa de encuentros en los cuales puedas descubrir, entrar en el silencio y pasar periodos largos de oración.

    Sé inteligente

    – no trates de realizar este proceso solo, busca ayuda De la Iglesia. Habla con algún religioso o religiosa, con un diacono o sacerdote de tu confianza.

    Fray Gabriel Juarbe OFMCap.
    Sueños y Ahnelos

    Criterios para un proceso saludable

    Los siguientes criterios se refieren a la totalidad de la persona desde la óptica de la fe:

    • salud física y psíquica.

    • adecuada madurez, de modo especial en las áreas afectiva y relacional.

    • idoneidad para la convivencia fraterna.

    • capacidad para conciliar ideal y concreción.

    • flexibilidad a nivel relacional.

    • disponibilidad al cambio.

    • confianza en los formadores.

    • adhesión a los valores de la fe.