Padre Felix "Felito" Núñez Hernández
Parroquia Nuestra Señora de la Asunción en Cayey
“Volver a los básicos para dejarnos salvar”
Queridos hermanos:
Entramos nuevamente en el Adviento, ese tiempo hermoso en que la Iglesia nos invita a comenzar desde el principio, a volver al origen, a retomar el camino que a veces hemos descuidado. Y pensé que este tiempo se puede comprender desde una enseñanza muy sencilla que recibí hace años practicando artes marciales.
Un día, mi maestro me dijo:
“¿Sabes lo que es un estudiante avanzado?
Uno que hace un básico bien hecho.”
Y esa frase, tan simple, me ha acompañado toda la vida. A veces creemos que la santidad, la madurez o la vida espiritual son cosas complicadas, reservadas para unos pocos. Pero no: los santos son hombres y mujeres que hacen los básicos bien hechos. Lo elemental. Lo sencillo. Lo de siempre:
- orar,
- confesarse,
- servir,
- amar,
- escuchar la Palabra,
- vivir en la gracia.
El Adviento es precisamente eso: volver al básico de la fe, preparar el corazón, reenfocar la vida, reencontrarnos con lo esencial.
- El Adviento dentro del gran plan de salvación
Si miramos la historia de la salvación —esa enorme pedagogía divina que recorre toda la Biblia— descubrimos algo impresionante:
Dios Padre siempre ha querido salvarnos… y no se ha cansado de intentarlo.
Desde el Paraíso perdido hasta Cristo, Dios no ha dejado de salir a nuestro encuentro:
- En los Patriarcas —Abrahán, Isaac y Jacob— Dios llama a un pueblo.
- En el Éxodo, Dios libera, alimenta, educa.
- En los jueces, profetas y reyes, Dios corrige, anima, guía.
- A pesar de la infidelidad, de las divisiones de Israel, de los exilios y los fracasos, Dios insiste, insiste e insiste.
Toda esa historia —larguísima, compleja, llena de luces y sombras— existe para recordarnos una verdad fundamental:
Dios desea salvarnos… pero la salvación viene por su Hijo.
El Padre prepara, anuncia y acompaña…
pero Jesucristo es el que salva, porque Él está vivo hoy.
Adviento es poner la mirada en esa larga fidelidad de Dios y reconocer:
Si Él no se cansó de Israel, tampoco se cansa de mí.
- Cuando uno cree que se lo merece, no agradece
A lo largo de la historia bíblica, algo se repite constantemente:
cuando el pueblo se cree dueño de la promesa, deja de agradecer.
El que cree que todo se lo merece… nada agradece.
Y esa es una tentación muy real hoy:
- cuando creemos que Dios “está obligado” a bendecirnos,
- cuando vemos la fe como un derecho y no como un regalo,
- cuando ya no esperamos nada nuevo porque creemos que “todo está bien”.
Adviento es el antídoto contra esa soberbia espiritual.
Es el tiempo para recuperar la gratitud, que es la puerta de la humildad, y la humildad es el terreno donde Dios puede nacer.
- Cristo vuelve a unir lo que estaba dividido
En la historia de Israel hubo rupturas profundas: las doce tribus se dividieron, algunos fueron deportados y se perdieron. Parecía que ya no había unidad posible.
Pero mira qué hermoso:
Cuando Jesús es presentado en el templo, Simeón (tribu de Judá) y Ana (tribu del norte) están allí.
Cristo unió de nuevo a lo que estaba separado desde el año 722 antes de Él.
Cristo siempre une.
La Cruz siempre une.
La gracia siempre une.
Por eso, Adviento es tiempo de reconciliación:
- con Dios,
- con los demás,
- con nuestra historia,
- con nuestras heridas.
El Mesías viene a unir nuestras tribus dispersas:
las partes rotas de nuestra vida.
- Adviento: volver a lo esencial
Si toda la historia bíblica es un largo camino para preparar el corazón del hombre…
entonces el Adviento es nuestro “entrenamiento básico”.
Es tiempo de volver a lo pequeño, a lo simple, a lo auténtico:
- a la oración que hemos dejado,
- a la humildad que hemos perdido,
- a la fe que se nos ha enfriado,
- a la gratitud que nos cuesta,
- a la espera confiada que el mundo ha olvidado.
Como el estudiante de artes marciales cuya cinta se oscurece con el tiempo, así también nosotros somos llamados a avanzar en la vida espiritual haciendo bien los básicos.
La grandeza no está en lo complicado.
La santidad no está lejos.
La conversión no es inalcanzable.
Hacer un básico bien hecho… ese es el Adviento.
Conclusión
Hermanos, este Adviento el Señor nos hace una invitación sencilla y profunda:
Vuelve a lo esencial.
Vuelve a escuchar mi voz.
Vuelve a esperar.
Vuelve a dejarte salvar.
Dios Padre ha trabajado toda la historia para que su Hijo llegue hasta ti.
No dejemos pasar esta gracia.
Que este Adviento nos permita:
- limpiar el corazón,
- retomar lo básico,
- agradecer más,
- y preparar la casa interior donde Cristo desea nacer.
Amén.
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